01Tigre
Hay ciudades que tienen mucho para dar. Tigre es una de ellas. Hoy fui a un evento lanzamiento de la segunda etapa del edificio 01Tigre desarrollado por BMA y quede sorprendido por el estupendo crecimiento de esa ciudad. Tigre ha crecido en los ultimos 5 años tanto como otros municipios ha crecido en los ultimos 30.
Famosos y emprendedores
Mi primer entrevista para la Revista Pymes del diario Clarin. Una experiencia muy interesante que espero se repita en el futuro.
Hoy es el día del amigo
El día del amigo es comercial. Todos lo sabemos. Yo solo me divierto y me río con cierta histeria y cinismo de estos días extraños que nos hacen revivir y olvidar todos los problemas que tenemos con los demas. Por mas imposible y contradictorio que esto parezca.
Malas expectativas.
Las palabras espectador y expectativa suenan muy parecidas pero se escriben totalmente distinto lo que me hace pensar que sus orígenes son distintos. «Timing is everything» dijo alguien alguna vez. Pero no siempre esperar es lo mejor.
Top five de presidentes no deseados
El otro día, en una reunión con un amigo de toda la vida conversamos sobre los presidentes argentinos que menos nos han gustado con los años y llegamos a una conclusión muy interesante… Un defensor del intervencionismo y de la propiedad pública con un amante del gobierno corporativo y el desarrollo pueden ser amigos.
Primer post Mobile
Bueno, este no es mi primer post mobile. Sé que el titulo dice que si, pero la cuestión es que mi primer intento tuvo su lugar hace meses… con la aplicación vieja de wordpress.
Un tiempo después me puse a investigar y vi que había otra aplicacion de WordPress llamada nada mas ni nada menos que Wordpess 2!! Por lo que luego de haberla descargado me propongo probarla y ver si tiene aquellas cosas muy buenas que vi en la sucedida aplicación y ver si arreglaron los desastres que se sufrían.
A todo esto se me ocurrió una idea. Muchas de mis ideas provienen de la ira! Si, de la ira.
En este caso mi ira fue despertada por encontrar que hace un largo tiempo la gente de wordpress había sacado una aplicación nueva en vez de actualizar la anterior y NADIE me aviso! Entonces digo que tal vez wordpress debió sin duda haberme en enviado un e-Mail tal vez AppStore. El punto es que tanto los usuarios de iPhone y BlackBerry o cualquiero otro dispositivo móvil deberían tener su forma de enterarse de aquellas aplicaciones nuevas que podrían interesarnos.
En este momento puedo pensar en varias maneras de saber que aplicaciones podrían interesar a un usuario. Una manera sería analizando las aplicaciones ya instaladas… Yo por ejemplo tengo instalada la aplicación movil de (Twitxr y sin duda compraría la aplicación de Picasa o Flickr pero no tengo cuenta en ninguno de ellos por lo que si Appstore me dijera «estas aplicaciones tal vez te interesen» yo me crearía una cuenta y pasaría a ser un usuario activo.
Creo que esto lea serviría a muchos.
Sociedad insolente.
La semana pasada, recibí de alguien a quien mucho estimo, un e-mail: Una de esas cadenas que tienen muchos >>>> a la izquierda. De esas cosas que uno realmente no tiene tiempo para leer, pero mi regla estricta es leer todos los e-mails del principio a fin, salvo el correo spam, obviamente. (espero poder sostener esta «regla estricta» en el futuro, en realidad es todo un desafío)
En fin, la semana pasada recibí este e-mail el cual les copio mas abajo, no porque me encante copiar y pegar, y plagiar. Sino porque de verdad comparto algunas cosas con su autor: Mario Rosen.
El texto consiste, una vez mas, en la visión del «problema argentino» que tanto queremos resolver. Aquí va…
La Argentina Insolente
En mi casa me enseñaron bien. Cuando yo era un niño, en mi casa me enseñaron a honrar dos reglas sagradas:
Regla N° 1: En esta casa las reglas no se discuten.
Regla N° 2: En esta casa se debe respetar a papá y mamá.
Y esta regla se cumplía en ese estricto orden. Una exigencia de mamá, que nadie discutía…. Ni siquiera papá. Astuta la vieja, porque así nos mantenía A raya con la simple amenaza: “Ya van a ver cuando llegue papá”. Porque las mamás estaban en su casa. Porque todos los papás salían a trabajar… Porque había trabajo para todos los papás, y todos los papás volvían a su casa. No había que pagar rescate o ir a retirarlos a la morgue. El respeto por la Autoridad de papá (desde luego, otorgada y sostenida graciosamente por mi mamá) era razón suficiente para cumplir las reglas.
Usted probablemente dirá que ya desde chiquito yo era un sometido, un cobarde conformista o, si prefiere, un pequeño fascista, pero acépteme esto: era muy aliviado saber que uno tenía reglas que respetar. Las reglas me contenían, me ordenaban y me protegían. Me contenían al darme un horizonte para que mi mirada no se perdiera en la nada, me protegían porque podía apoyarme en ellas dado que eran sólidas.. Y me ordenaban porque es bueno saber a qué atenerse. De lo contrario, uno tiene la sensación de abismo, abandono y ausencia. Las reglas a cumplir eran fáciles, claras, memorables y tan reales y consistentes como eran “lavarse las manos antes de sentarse a la mesa” o “escuchar cuando los mayores hablan”.
Había otro detalle, las mismas personas que me imponían las reglas eran las mismas que las cumplían a rajatabla y se encargaban de que todos los de la casa las cumplieran. No había diferencias. Éramos todos iguales ante la Sagrada Ley Casera. Sin embargo, y no lo dude, muchas veces desafié “las reglas” mediante el sano y excitante proceso de la “travesura” que me permitía acercarme al borde del universo familiar y conocer exactamente los límites. Siempre era descubierto, denunciado y castigado apropiadamente. La travesura y el castigo pertenecían a un mismo sabio proceso que me permitía mantener intacta mi salud mental.
No había culpables sin castigo y no había castigo sin culpables. No me diga, uno así vive en un mundo predecible. El castigo era una salida terapéutica y elegante para todos, pues alejaba el rencor y trasquilaba a los privilegios. Por lo tanto las travesuras no eran acumulativas. Tampoco existía el dos por uno. A tal travesura tal castigo. Nunca me amenazaron con algo que no estuvieran dispuestos y preparados a cumplir.. Así fue en mi casa. Y así se suponía que era más allá de la esquina de mi casa. Pero no. Me enseñaron bien, pero estaba todo mal. Lenta y dolorosamente comprobé que más allá de la esquina de mi casa había “travesuras” sin “castigo”, y una enorme cantidad de “reglas” que no se cumplían, porque el que las cumple es simplemente un estúpido (o un boludo, si me lo permite).
El mundo al cual me arrojaron sin anestesia estaba patas para arriba. Conocí algo que, desde mi ingenuidad adulta (sí, aún sigo siendo un ingenuo), nunca pude digerir, pero siempre me lo tengo que comer: «la impunidad». ¿Quiere saber una cosa? En mi casa no había impunidad. En mi casa había justicia, justicia simple, clara, e inmediata. Pero también había piedad. Le explicaré: Justicia, porque “el que las hace las paga”. Piedad, porque uno cumplía la condena estipulada y era dispensado, y su dignidad quedaba intacta y en pie. Al rincón, por tanto tiempo, y listo… Y ni un minuto más, y ni un minuto menos. Por otra parte, uno tenía la convicción de que sería atrapado tarde o temprano, así que había que pensar muy bien antes de sacar los pies del plato. Las reglas eran claras. Los castigos eran claros. Así fue en mi casa. Y así creí que sería en la vida. Pero me equivoqué. Hoy debo reconocer que en mi casa de la infancia había algo que hacía la diferencia, y hacía que todo funcionara.
En mi casa había una “Tercera Regla” no escrita y, como todas las reglas no escritas, tenía la fuerza de un precepto sagrado. Esta fue la regla de oro que presidía el comportamiento de mi casa:
Regla N° 3: No sea insolente.
Si rompió la regla, acéptelo, hágase responsable, y haga lo que necesita ser hecho para poner las cosas en su lugar. Ésta es la regla que fue demolida en la sociedad en la que vivo. Eso es lo que nos arruinó. LA INSOLENCIA.
Usted puede romper una regla -es su riesgo- pero si alguien le llama la atención o es atrapado, no sea arrogante e insolente, tenga el coraje de aceptarlo y hacerse responsable. Pisar el césped, cruzar por la mitad de la cuadra, pasar semáforos en rojo, tirar papeles al piso, tratar de pisar a los peatones, todas son travesuras que se pueden enmendar… a no ser que uno viva en una sociedad plagada de insolentes. La insolencia de romper la regla, sentirse un vivo, e insultar, ultrajar y denigrar al que responsablemente intenta advertirle o hacerla respetar. Así no hay remedio. El mal de los Argentinos es la insolencia. La insolencia está compuesta de petulancia, descaro y desvergüenza. La insolencia hace un culto de cuatro principios: - Pretender saberlo todo - Tener razón hasta morir - No escuchar - Tú me importas, sólo si me sirves. La insolencia en mi país admite que la gente se muera de hambre y que los niños no tengan salud ni educación. La insolencia en mi país logra que los que no pueden trabajar cobren un subsidio proveniente de los impuestos que pagan los que sí pueden trabajar (muy justo), pero los que no pueden trabajar, al mismo tiempo cierran los caminos y no dejan trabajar a los que sí pueden trabajar para aportar con sus impuestos a aquéllos que, insolentemente, les impiden trabajar. Léalo otra vez, porque parece mentira. Así nos vamos a quedar sin trabajo todos. Porque a la insolencia no le importa, es pequeña, ignorante y arrogante.
Bueno, y así están las cosas. Ah, me olvidaba, ¿Las reglas sagradas de mi casa serían las mismas que en la suya? Qué interesante. ¿Usted sabe que demasiada gente me ha dicho que ésas eran también las reglas en sus casas? Tanta gente me lo confirmó que llegué a la conclusión que somos una inmensa mayoría. Y entonces me pregunto, si somos tantos, ¿por qué nos acostumbramos tan fácilmente a los atropellos de los insolentes? Yo se lo voy a contestar.
PORQUE ES MÁS CÓMODO, y uno se acostumbra a cualquier cosa, para no tener que hacerse responsable. Porque hacerse responsable es tomar un compromiso y comprometerse es aceptar el riesgo de ser rechazado, o criticado. Además, aunque somos una inmensa mayoría, no sirve para nada, ellos son pocos pero muy bien organizados. Sin embargo, yo quiero saber cuántos somos los que estamos dispuestos a respetar estas reglas.
Le propongo que hagamos algo para identificarnos entre nosotros. No tire papeles en la calle. Si ve un papel tirado, levántelo y tírelo en un tacho de basura. Si no hay un tacho de basura, llévelo con usted hasta que lo encuentre.Si ve a alguien tirando un papel en la calle, simplemente levántelo usted y cumpla con la regla 1. No va a pasar mucho tiempo en que seamos varios para levantar un mismo papel. Si es peatón, cruce por donde corresponde y respete los semáforos, aunque no pase ningún vehículo, quédese parado y respete la regla. Si es un automovilista, respete los semáforos y respete los derechos del peatón. Si saca a pasear a su perro, levante los desperdicios.
Todo esto parece muy tonto, pero no lo crea, es el único modo de comenzar a desprendernos de nuestra proverbial INSOLENCIA. Yo creo que la insolencia colectiva tiene un solo antídoto, la responsabilidad individual. Creo que la grandeza de una nación comienza por aprender a mantenerla limpia y ordenada. Si todos somos capaces de hacer esto, seremos capaces de hacer cualquier cosa. Porque hay que aprender a hacerlo todos los días. Ése es el desafío. Los insolentes tienen éxito porque son insolentes todos los días, todo el tiempo. Nuestro país está condenado: O aprende a cargar con la disciplina o cargará siempre con el arrepentimiento.
¿A USTED QUÉ LE PARECE? ¿PODREMOS RECONOCERNOS EN LA CALLE ?
Espero no haber sido insolente. En ese caso, disculpe.
Manifiesto para un planeta mas feliz.
Para dar inicio a este Blog me gustaría hacer referencia a una idea que me dio el escritor argentino Sergio Sinay en una de sus publicaciones mas recientes.
Resulta que la New Economic Foundation (NEF) es una organización independiente, fundada en 1986, que hasta hoy yo pensaba que era exclusivamente teórica, pero al parecer no solo se limitan al campo teórico sino que también «salen» a demostrarlo.
Según ellos exponen, su objetivo es mejorar la calidad de vida de las comunidades promoviendo soluciones innovadoras que desafían las teorías actuales sobre economía, medio ambiente y cuestiones sociales. Increiblemente ambicioso. Es por esta ambición de querer cambiar al mundo, tarea sumamente noble, es la razón por la cual creo, merecen ser mencionados.
También sugieren una serie de puntos a tener en cuenta, como máximas, o políticas de gobierno que me parecieron fantásticas:
- Erradicar la pobreza y el hambre.
- Implementar sistemas de salud que funcionen.
- Alivianar las deudas.
- Compartir valores.
- Apoyar objetivos que den sentido a la vida.
- Reforzar el poder ciudadano y promover el buen gobierno.
- Identificar objetivos para el medio ambiente y desarrollar políticas económicas para trabajar en ellos.
- Diseñar sistemas de producción y consumo sustentables y responsables.
- Trabajar en el tema del cambio climático.
- Valorar lo que de veras importa en relación con todo lo anterior.
Yo ya había reflexionado otras veces sobre la «economía, el medio ambiente y las cuestiones sociales» y siempre me resulto muy interesante que esas tres cosas estan muy relacionadas, o en realidad son la misma cosa a la que le hemos puesto muchos nombres… y hay una palabra que resume el impacto de esas tres cosas en las personas: la felicidad.
Lo mas actual que he leído sobre la felicidad en relación con este tema de la economía el medio ambiente y lo social es una serie de nuevos medidores de progreso que redefinirían la forma en la que medimos aquellas cosas de valor intangible. Para algunos las medidas como el PBI no reflejan este valor intangible y los economistas de la nueva escuela no dejan de buscar una medida que ayude a comprender la parte de la realidad que los números no explican.
Toda esta nueva rama de pensamiento ronda al rededor de la respuesta a la pregunta «¿Que relación existe entre el dinero y la felicidad?».
Los economistas mas clásicos proponen que «What gets counted, counts.» O en otras palabras: Aquello que puede ser medido, existe. O como a algunos economistas les gustaría decirlo: Lo que no puede ser medido, no existe. Yo soy de los que adhieren a Saint Exupery y piensa que lo esencial es invisible a los ojos. ¿Habrá sido Antoine un hombre con dinero?
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